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9 agosto 2022
Europa Mundo

PARIS Y EL METRO ENMASCARADO

El »mêtro» de Paris, ese mundo con otros códigos existenciales y otra medida del tiempo, reflejado no pudo este año permanecer “desconectado” del Paris “afuera”, ni tampoco de lo que sucedía en el resto del  mundo.

Los franceses que inicialmente en forma incrédula habían ironizado de cuanto sucedía en la vecina Italia, sufrieron el duro embate del virus y fueron también confinados en sus domicilios, permitiéndoles salir excepcionalmente, obligados a completar un formulario de permiso o auto-certificación.

El 26 de Marzo pasado 54 estaciones del mètro parisino fueron cerradas y el tráfico se redujo al treinta por ciento de la circulación normal. Fue sólo a partir del 11 de Mayo, iniciada la fase de “desconfinamiento“ que el métro y el RER reanudaron el trafico gradualmente.

Dicen que el primer regreso al “mêtro“ de los habitantes de Paris después del final del “confinamiento“ se transformó en una nueva gran experiencia. El ambiente era extraño, las personas desconfiadas se miraban hasta el final del destino y todos se hacían la misma pregunta: Quién tocará la manija para abrir puerta?. Sucede que en muchas lineas del mêtro las puertas de los vagones aún no se abren automaticamente.

Estos temores sin embargo eran infundados. Porque las estaciones son desinfectadas dos veces al día y luego al final del servicio se realiza una limpieza general en toda la red de “Ȋle de France“. Además de esto “equipos móviles“ intervienen a bordo en los vagones en las horas de menor actividad para desinfectar las superficies de contacto.

A principios de Septiembre aterricé en una Paris vacía de turistas, con muchos hoteles cerrados y largas filas de taxis en las esquinas esperando por pasajeros; en Champs Elysées no se veían las largas y contínuas hileras de automóviles reflejando sus luces y en las “terraces” se podía distinguir a cada persona en las pocas mesas ocupadas.

No se sentía tampoco el rumor cosmopolita de voces de Paris, en el que se entrecruzan el argot parisino, con el inglés americano, el arabe, el español o el italiano.

El mêtro sin embargo, a diferencia de esta “ville lumière“ casi irreconocible, se mostraba más vivo y cercano a su espíritu. Las personas se desplazaban libremente, los estrechos espacios de los vagones no podían evitar que se viajara de forma casi aglomerada. El barbijo “obligatorio“, sin embargo era usado por todos los pasajeros sin excepción hasta por los famosos “clochard“ durmiendo en los bancos, quienes también parecían querer respetar las reglas impuestas para frenar la propagación del virus

Esta crisis sanitaria ha explicado el sociólogo Stéphane Tonnelat pone en cuestionamiento al fenómeno de la “densidad humana“ que es uno de los aspectos más caracterizantes de éste transporte público y de las reglas que lo rigen.

Usar una máscara, sostiene el sociólogo, que oculta la boca, que es una de las partes más expresivas de rostro, conduce al riesgo de interferir con la comunicación no verbal que gobierna la mayoria de las interacciones entre los pasajeros del métro. Durante las horas pico, las expresiones faciales juegan un papel fundamental en la gestión de la promiscuidad y en evitar que las personas se molesten.

La epidemia de coronavirus volvió a acelerarse en los últimos meses; una “deuxième vague“, una segunda ola  golpea a Francia como a otros países de Europa. El resultado fue el “reconfinement», es decir un nuevo encierro para los franceses que fue a partir del viernes 30 de octubre.

El 28 de Noviembre hubo una flexibilización a la nuevas rígidas reglas, pero se mantuvo la obligación de desplazarse con un formulario de certificación. El métro volvió a sufrir entonces una fuerte baja en su frecuentación de pasajeros.

La ley del 14 de Noviembre 2020 por su parte prolongó el estado de urgencia sanitaria en Francia hasta el 16 de Febrero de 2021 y con ello automáticamente se extiende la vigencia de la obligación de respetar las reglas sanitarias, entre ellas el uso de la máscara, bajo pena por la violación, de una sanción pecuniarias de 150 euros en la primera oportunidad de infracción y más severa, hasta 1.500 euros en caso de reincidencia.

Será necesario acostumbrarnos entonces a esta actual extraña sensación de un mundo “métro“ enmascarado.

Johny “el Perseguidor” de Cortázar, atormentado por la búsqueda de su existencia, viajando en los vagones del  métro poblado de enmascarados, sentiría tal vez aún más profundamente la disociación entre su concepción del mundo y la realidad.

www.pablomunini.com // IG: @pablomunini

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